La Ciudad Inmortal

FAMILIA Y SOCIEDAD

La familia es el núcleo de la sociedad, es el primer tejido del ser humano. La familia tradicional consta de padre, madre e hijos, se extiende con los parientes como son los abuelos paternos y maternos, tíos, primos, y crece con otras personas que conforman una sociedad primaria, es el núcleo donde se forma  la sociedad general. Los patrones que se siguen desde la niñez inciden en el individuo y se proyectan en forma transformadora y positiva o en patologías; e ahí la importancia de la familia en la sociedad.

La idea de familia se ha transformado durante los últimos años, promoviendo formas de familia diferentes, por los cambios en la sicología social, inciden los medios de comunicación, las modas y tendencias, pero independientemente de la visión de familia que se percibe es indiscutible que la familia primaria es la que predomina y cumple su cometido en la formación del individuo social.

Los individuos adquieren toda serie de valores positivos, cultivan aptitudes y se forman en ese seno, pero al igual adquieren los prejuicios y sicopatias que luego se traducen en problemas sociales. La intención es retomar esa célula y formar nuevos seres humanos con valores de equidad, respeto, donde se cultive el conocimiento al servicio del hombre.

LA MUJER EN EL SIGLO XXI.

La mujer ha trascendido los límites de la explotación y el machismo en varios países, sobre todo en los desarrollados, ha alcanzado espacios en diferentes sectores, ha adquirido educación, trabajo, ganando de esa forma independencia, se ha roto ese esquema de mujer de la casa para hacerse partícipe como individuo activo en esa sociedad cada vez mas competitiva, es así como pueden destacarse muchas de ellas en la sociedad como individuos productivos y generando progreso en muchas áreas.

En otros países donde existen fanatismos religiosos, costumbres ancestrales aún se ve relegada a un segundo plano y no se le deja participar como miembro activo de la sociedad.

Sobretodo en Occidente ha sido tal la liberación de la mujer que se ha llegado a su explotación económica como objeto sexual, existe toda una industria que alienta esta modalidad y entonces el concepto de  “mujer virtuosa” hace parte del pasado porque se puede a través de la moda o los medios de comunicación obtener un reconocimiento económico y social por exhibir el cuerpo.Ese afán por sobresalir en el aspecto físico y por los cánones de belleza dictaminados por la sociedad de consumo ha traído consecuencias graves para la mujer, es el caso de la anorexia, bulimia, pérdida de la autoestima, la pérdida de identidad con la no autoaceptación, queriendo ser otra mujer ideal que le enseñan los diferentes medios.

 

  

La madre que es una de las piezas claves de la familia se está cambiando por mujeres que tienen interés por sobresalir en diferentes áreas,  muchas ya no ven como objetivo el ser madres, he aquí un naciente problema de la célula social, que por naturaleza tiende a preservar la especie a través de la familia. Se presentan problemas como son hijos sin identidad, con libertinaje, solitarios que recurren a las modas, drogas y otras tantas elecciones de la vida moderna.

Por otro lado en otras sociedades anticuadas y por costumbres culturales aún se maltrata a la mujer, se le relega y entonces hace que la sociedad al igual presente otro tipo de problemas, existe fanatismo religioso o político y crecen hijos con los prejuicios de los padres, radicalismos y fanatismos.

La cuestión es encontrar un justo medio, la mujer es un miembro activo de la sociedad, con iguales derechos, pero el problema radica en que la mujer por querer conseguir esa igualdad, ha dejado de ser mujer pasándose al extremo de actuar como un hombre y entonces en ese feminismo desmedido se han perdido privilegios con el hombre en su condición de mujer.

 

El justo medio es entender que hombre y mujer son complementarios, cada uno tiene unas características específicas que los hace diferentes y otras que los hace iguales, en las diferencias está el complemento y en las igualdades se encuentran los derechos. 

La mujer es esa base fundamental de la familia, se le da a través de la posibilidad que tiene de tener el hijo en su vientre y desde ese preciso momento está formando un futuro ciudadano, ella tiene en su naturaleza la intuición, la sensibilidad, que le dan a ese individuo la seguridad, el aprendizaje y los valores para enfrentar el mundo que lo rodea, es el primer contacto del individuo con otro ser humano, luego está el padre, los hermanos y demás parientes, después vendrá el contacto con la sociedad.

La mujer puede ser exitosa, desarrollarse en diferentes actividades de la sociedad, realizarse como individuo humano, pero sin dejar de perder esa esencia femenina, sin dejar de ser una excelente mujer, madre, compañera, y demás facetas en que pueda desempeñarse. 

EL HOMBRE EN EL SIGLO XXI

 

Hacia una nueva masculinidad

 

El nuevo hombre ya no oculta sus sentimientos, ni se pierde en su interior. Encuentra en sí mismo el concepto de masculinidad uniendo  ternura y seguridad como guía de comportamiento.

 

 

La identidad masculina se ha configurado siempre en términos de competitividad y poder; rasgos como el miedo, las lágrimas, el dolor o cualquier manifestación extrema de sentimientos no tenían cabida en el estereotipo de hombre. El rechazo de estas emociones implica la negación de uno mismo y la incapacidad para crecer como persona.

El desarrollo de la identidad se forja mediante la interacción de la persona con su entorno social y cultural. Es indudable que existen diferencias físicas y psicológicas entre hombres y mujeres, si bien es cierto que sus identidades se manifiestan como tales a través de la relación con otras personas, costumbres, normas o estereotipos vigentes de las sociedades en las que viven.

A lo largo del proceso de socialización, el niño interioriza las normas y valores propios de una sociedad básicamente patriarcal. A través de su aprendizaje en la familia, escuela, grupo de amigos y medios de comunicación, alcanza el significado del comportamiento “masculino”. El niño descubre que un hombre de “verdad” es el que se comporta siguiendo una serie de patrones y los diferencia de aquellos que no debe presentar por ser propios del mundo femenino. Estos rasgos han sido durante tiempo inmemorial:  

RASGOS

MASCULINO FEMENINO
actividad pasividad
fuerza debilidad
dureza sensibilidad
empuje contención
arrojo receptividad
invulnerabilidad fragilidad
pensamiento sentimiento
racionalidad emoción
castigo recompensa
exigencia protección
provisión cuidado
impulso reposo
coraje prudencia
resistencia nutrición
ira comprensión
exterioridad interioridad
lo público lo privado
mandar convencer
reflexión intuición
ordenar pedir

  El hombre, por tanto, se encuentra atrapado en un laberinto de roles, exigencias y mandatos que paralizan su capacidad de sentir y de exteriorizar sus emociones. Ante esto, o bien puede seguir bajo el peso de la norma social, con la consiguiente pérdida de sí mismo, o aventurarse en un proceso de aceptación y comprensión personal. No se trata de asumir lo denominado “femenino”, la masculinidad no se completa únicamente con esos rasgos, ni se trata de alcanzar un prototipo de hombre afeminado. Para tenerlo más claro sólo hay que observar el cambio social en los estereotipos  protagonizado por la mujer. A lo largo de los años 50, 60 y 70, la mujer se alza frente a la represión masculina vivida a lo largo de la historia, interioriza los valores masculinos como propios y busca en ellos una reafirmación errónea de sí misma. Es en los 90 cuando adquiere conciencia de que la verdadera femeneidad no radica en asumir roles puramente masculinos, sino en saber expresar y entender como mujer atributos socialmente encasillados en el mundo masculino. Es un conocimiento profundo que supone un giro radical en su situación y en todos los aspectos de su vida, educación, trabajo, familia o relaciones personales con su entorno. Igual debe ocurrir en el caso de  los hombres.

Las tres décadas de transformación de lo femenino son imprescindibles en la modificación de las relaciones humanas de nuestra sociedad, pero es insuficiente sin el cambio de lo masculino.

 

Así, frente a este modelo tradicional, cada vez cobra más fuerza el concepto de una nueva masculinidad, basada en la superación de las barreras, los estereotipos y las normas sociales. Consite en alcanzar una identidad masculina que permita al individuo ser persona en el más amplio sentido de la palabra. Este nuevo modelo se basaría en:

  • Aceptar la propia vulnerabilidad masculina.
  • Aprender a expresar emociones y sentimientos.

  • Aprender a pedir ayuda y apoyo.
  • Aprender métodos no violentos para resolver los conflictos.

  • Aprender y aceptar actitudes y comportamientos tradicionalmente considerados femeninos, necesarios para un desarrollo humano completo.

 

Es, en resumen, una masculinidad que permita el desarrollo personal y profesional, la exteriorización de las emociones y la participación en una relación profunda con los demás.

 

El hombre y la mujer deben complementarse, no agredirse, en esa unión de lo masculino y lo femenino se encuentra un equilibrio, en la pareja, más tarde se transmite a los hijos y posteriormente se ve reflejado en la sociedad.

Un ser humano aceptado, valorado, amado, educado es un ser humano seguro, adaptado y se proyecta constructivamente, Todo este planteamiento de la familia va dirigido a cuestionar los cambios que se están dando en la familia del siglo XXI. La sociedad ofrece distintas alternativas para los infantes y los adolescentes independientemente de la cultura a la que pertenezcan pero toda esa seguridad y valoración recibida en el hogar forman el ciudadano que se proyectará en su sociedad.

Todos los grandes problemas de discriminación, nacionalismo, bandalismo, y demás posturas mentales equivocadas nacen en la familia. Una frase lo resume: “No te acordarás de lo que dijimos pero te acordaras de lo que hicimos”. Todas las conductas son aprendidas y pasan de unos individuos a otros, son más fuertes y persistentes donde se involucran lazos afectivos.

La familia como escenario para transgredir el racismo

  • Autores: Enric Prats Gil
  • Localización: ESE : Estudios sobre educación, ISSN 1578-7001, Nº. 4, 2003 (Ejemplar dedicado a: Educación intercultural) , pags. 131-140
  • Resumen:
    • En la confluencia de culturas y de modos de vida diversos, el racismo aparece como la patología social más grave que las sociedades actuales deben saber resolver. Asimismo, la familia es el máximo exponente de la realidad transcultural y del cruce de culturas; de hecho, toda familia se organiza inicialmente a partir de la “co-incidencia” de proyectos de vida, con objetivos y valores básicos también coincidentes, pero muy a menudo divergentes en sus prácticas concretas. Esta comunicación parte de un análisis de la familia en la realidad social diversa y plural en que nos movemos y propone una serie de medidas para que la familia sea escenario de aprendizaje y de gestión de los valores para transgredir el racismo.

   

El espíritu del siglo: Una familia humana

Por Mary Robinson

Desde el 31 de agosto hasta el 7 de setiembre de 2001, líderes y representantes de todo el mundo se reunieron en Sudáfrica para la Conferencia mundial contra el racismo, la discriminación racial, la xenofobia y la intolerancia relacionada, para discutir formas para abordar uno de los grandes azotes  que continúa plagando la humanidad. Lo que sigue es una versión resumida del discurso pronunciado por Mary Robinson, alta comisionada de las Naciones Unidas para los derechos humanos y secretaria general de la Conferencia mundial contra el racismo, en una reunión del comité de preparación de la Conferencia, en mayo de 2000.

Logo de la Conferencia mundial contra el racismo

La Conferencia mundial contra el racismo, la discriminación racial, la xenofobia y la intolerancia relacionada tiene el potencial para estar entre los cónclaves más significativos a comienzos del nuevo siglo. Puede ser más: puede configurar y corporificar el espíritu del siglo, basado en la convicción compartida de que todos somos miembros de una familia humana. Las persistentes inequidades en el disfrute de los derechos humanos más básicos no sólo son erradas en sí mismas, sino que también son una causa importante de los trastornos y los conflictos sociales. Las encuestas de opinión en numerosos países muestran que los temas relacionados con la discriminación racial, la xenofobia y otras formas de intolerancia son del máximo interés entre el público en la actualidad.

El combate al racismo como preventivo de conflictos

El combate al racismo puede desempeñar un crucial papel en la prevención de conflictos, reduciendo las tensiones raciales y étnicas e inculcando el respeto por las diferencias. Yo siento que la importancia de desarrollar estrategias preventivas todavía no ha sido plenamente comprendido por los gobiernos.

Mientras más se examina la situación de conflicto, más se comprende, primeramente, que las oportunidades vitales para impedir que ocurran los conflictos continúan perdiéndose y, en segundo lugar, que los fracasos en la prevención de conflictos acarrea altos costos. Sin embargo, la tendencia a reaccionar antes que a anticipar –incluso frente a sorprendentes evidencias de los peligros de las demoras- sigue siendo muy común, con resultados que se ven sin dificultad.

Abordando el racismo y la xenofobia golpeamos las fuerzas que están en la raíz de la mayoría de los conflictos.

En primer lugar, debemos, por sobre todo, entender y tomar plenamente en cuenta la naturaleza y el alcance del racismo y la intolerancia en nuestro mundo moderno: la xenofobia en todas sus manifestaciones; el antisemitismo; la negrofobia; la discriminación contra los pueblos indígenas, los migrantes, los refugiados, las personas desplazadas y las comunidades minoritarias. Y existen numerosos ejemplos de discriminación sobre bases sociales y religiosas.

El racismo en el mundo moderno

Aun cuando se alcanzaron logros en la abolición del apartheid, una lucha que tenía un apoyo casi universal, se ha hecho mucho más evidente que el racismo, la discriminación, la xenofobia y la intolerancia son fenómenos mundiales, más profundamente enraizados y más virulentos de lo que se suponía. El genocidio en Rwanda y la “limpieza étnica” en la ex Yugoslavia nos han recordado los extremos a los que esa intolerancia puede conducir en nuestro tiempo. La esperanza de que las lecciones del Holocausto descartarían esos terribles crímenes por siempre todavía no ha visto realización.

Un buen comienzo sería el de reconocer que ninguna sociedad está libre de la mancha del racismo. La tendencia a discriminar contra nuestros pares que son los seres humanos sobre la base de la raza u otra diferencia no está confinada a un solo país o continente. Como exhortó Martin Luther King:

Somos desafiados a trabajar por todo el mundo con inquebrantable determinación, para suprimir los últimos vestigios del racismo… . Sus malignos puños no tienen fronteras”.

En segundo lugar, debemos reconocer que no basta con tener leyes y monitorear medidas en el lugar. El Comité para eliminar la discriminación racial es el más antiguo de los cuerpos de monitoreo de tratados, y en él, junto con los mecanismos establecidos por la Comisión sobre derechos humanos y la sub-comisión, han trabajado mucho y por mucho tiempo para erradicar el racismo. A pesar de eso, y a pesar de las dos Conferencias mundiales y las tres Décadas internacionales para combatir el racismo, el problema todavía está muy vivo. Las formas más abiertas de racismo pueden haber sido puestos fuera de la ley, pero la discriminación persiste en múltiples formas, con frecuencia maneras sutiles y sistemáticas. En realidad, a juzgar por la persistencia de las actitudes racistas frente a las muchas veces elaboradas medidas antidiscriminación, tendríamos que admitir que las acciones contra el racismo hasta la fecha, cuando mucho, ha tenido resultados limitados.

La tarea que nos espera es idear estrategias innovadoras para combatir el racismo. Eso no significa simplemente configurar leyes y mecanismos para proteger contra la discriminación racial, sino efectuar un cambio de mentalidades, de corazones y espíritus. Aung San Suu Kyi lo dijo bien:

“La revolución más pura es la del espíritu, nacida de una convicción intelectual de la necesidad de cambiar en… las actitudes mentales y valores… . Sin una revolución del espíritu, las fuerzas que produjeron las iniquidades del viejo orden, continuarían estando operativas, planteando una amenaza constante al proceso de reforma y regeneración…”.

La educación como clave

El temor es lo que yace en el corazón del odio racial y la xenofobia: temor a la diferencia, temor a que la posición económica o social se vea amenazada, temor a que pudiera perderse la identidad en un mundo crecientemente globalizado. Si el temor es el principal factor, la educación es el remedio clave. Es preciso que decidamos dedicar más recursos a la educación contra el racismo y la xenofobia, aprovechando la inmensa influencia que brinda el Internet y las nuevas tecnologías. El Internet, que ha sido mal utilizado como un vehículo para propagar teorías de superioridad racial y antisemitismo, puede ser un medio formidable para educar y cambiar actitudes, mejorándolas.

La dimensión económica –Una mentalidad de fortaleza

Estudiando las raíces del racismo y la xenofobia en el mundo moderno, la importancia de la dimensión económica se hace inmediatamente evidente. La brecha existente entre los ricos y la enorme cantidad que vive en una pobreza calamitosa se esta ampliando todo el tiempo.

Mientras que algunos son conscientes de esta brecha e intentan cerrarla, muchos prefieren adoptar la mentalidad de fortaleza, basada en la determinación de defender su prosperidad contra lo que perciben como amenazas externas. Esta es una tendencia que tiene repugnantes, xenofóbicos trasfondos. Hay una tendencia a satanizar a aquellos que llegan a las sociedades ricas en busca de una vida mejor. Los migrantes son explotados y culpados por los males económicos con los que ellos nada tienen que ver. Los refugiados, las personas desplazadas y aquellos que buscan asilo por seguridad son duramente amenazados y, cada vez con mayor frecuencia, rechazados.

Lo que es verdaderamente preocupante en la actualidad es que la mentalidad de fortaleza está asumiendo dimensiones globales. La globalización puede conseguir economías de escala, que incrementan las utilidades de las empresas. El peligro yace en que, a menos que la comunidad internacional actúe ahora para asegurar que los beneficios de la revolución de la información y de los mercados abiertos sean más ampliamente compartidos, la globalización se convertirá más en una barrera para empobrecer a los países que participan plenamente en la economía internacional. Las protestas en las conferencias de la Organización Mundial de Comercio y en otras partes más, reflejan la sensación de que el actual sistema económico mundial se inclina más al lado de los ricos.

La comunidad internacional enfrenta aquí una elección fundamental: Si avizoramos un mundo de dos partes sumamente diferentes, una con una riqueza y sofistificación tecnológica siempre creciente, y la otra un lugar donde la gente vive en abyecta pobreza; o abrazamos la idea de que todos estamos juntos en esto como miembros de una familia humana, con derechos económicos, sociales y culturales que se deben implementar progresivamente. Esta opción abarcadora considera la diversidad como una fuerza, no como debilidad, y reconoce los grandes beneficios sociales, culturales y, sí,  económicos, de una sociedad multicultural. Es una visión de un mundo donde la gente de todos los colores, credos y posiciones viven juntos en armonía y paz. Es la visión de Leopold Senghor:

“… La naturaleza ha trabajado las cosas para que cada persona, cada raza, cada continente cultive, a su propia manera, virtudes específicas de humanidad, y aquí encontramos la precisa expresión de su originalidad”.

Responsabilidades de los gobiernos

Existe una responsabilidad y una obligación de cuidado particulares por parte de los gobiernos, en lo que se refiere a la lucha contra el racismo, la xenofobia, la discriminación y la intolerancia. Las relaciones entre las diferentes razas y grupos étnicos dentro de una sociedad representan un tema altamente sensitivo sobre el cual, la gente que viste uniforme, sea policía, militar o personal carcelario, necesita un entrenamiento adecuado. Los gobiernos y la comunidad política debe, en todo momento, conducir a la opinión pública y no jugar a las cartas de la raza o complacer a quienes reclaman que se sienten amenazados por gente a la que ellos consideran diferentes.

Existen muchos ejemplos que podría citar donde los gobiernos fingen que no ven las tensiones étnicas y raciales, o que han tratado mal a los pueblos indígenas o, lo peor de todo, que se han aprovechado de las tensiones étnicas o raciales para beneficio político.

Yo estoy profundamente empeñada en un fuerte mecanismo de seguimiento de la Conferencia mundial para examinar si los gobiernos han cumplido sus promesas. Quiero ayudar a hacer de esta una Conferencia de acciones, no sólo de palabras.

El objetivo es claro: identificar formas innovadoras para configurar el espíritu de este nuevo siglo en reconocimiento del ineludible hecho de que todos nosotros, cualesquiera sean nuestras diferencias, pertenecemos a la misma familia humana. Debemos tener la visión de un mundo donde el color de la piel de una persona, su identidad religiosa o étnica no la diferencie para usufructuar su derecho a seguir el curso de la vida que desee, cualquiera que sea, donde la diversidad sea considerada como una fuerza y no como un problema. Si ese espíritu prevaleciera y se tradujera en medidas prácticas para abolir toda forma de discriminación, habremos logrado mucho.

Idealismo y convicción

Para quienes dicen que esta es una aproximación demasiado idealista, yo les respondería que todos los movimientos que han mejorado la condición humana nacieron del idealismo y de la convicción de que alguna mala práctica debía ser cambiada. El movimiento contra la esclavitud en el siglo XIX, los movimientos por los derechos civiles y antiapartheid estuvieron basados en el idealismo, y todos enfrentaron desafíos que en su momento parecían insuperables.

Nelson Mandela en prisión, en Pretoria, en 1964, antes de ser transferido a la isla de Robben.

Para obtener inspiración no tenemos sino que ver al ex presidente de Sudáfrica, Nelson Mandela. En su famoso discurso desde el banquillo de los acusados, en 1964, él dijo:

“He luchado contra la dominación blanca, y he luchado contra la dominación negra. He acariciado el ideal de una sociedad libre y democrática en la que todas las personas vivan juntas y en armonía y con iguales oportunidades. Es un ideal, por el que espero vivir, y alcanzar. Pero de ser necesario, es un ideal para el que estoy preparado para morir”.

El coraje de Nelson Mandela, quien pronunció estas palabras mientras enfrentaba la prisión por un término que duraría 27 años, debe ser una inspiración para nosotros en nuestra tarea. Debemos obtener coraje, también, de la generosidad de espíritu que él ha mostrado siempre y de su inconmovible compromiso con una Sudáfrica multicultural.

Mi meta es que cuando lleguemos al final de nuestras deliberaciones en Sudáfrica, en setiembre próximo, tengamos un acuerdo sobre una resonante declaración contra el racismo que llegue e inspire a todos los pueblos de todas partes, y que hayamos podido concordar en un programa de acción práctico que verdaderamente establezca la diferencia en la lucha contra el racismo.

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Nº 24

Contenido

Tema principal

Creatividad, música y el espíritu humano

El arte de la vida: Entrevista con Herbie Hancock

Nuestro más rico mensaje por Paul Robertson

Perspectiva

El espíritu del siglo: Una familia humana

Ensayo

La educación como transformación

Retratos de ciudadanos mundiales

Osvaldo Pugliese

  Conferencia

Conferencia femenina sobre la paz en Washington, D.C.

  Caso de estudio

Cambiando la historia 

Ciudadanos

Involucrada con la vida 

Alrededor del mundo

Malasia –Un rico tapiz cultural

Actividades de ayuda por los sismos de la India y El Salvador

Campaña de plantación de árboles en las Filipinas

Foro de la paz en Qatar

Limpieza de la ciudad en Hamburgo

Alentando a los huérfanos

Detener la intimidación

Se inaugura centro en Nepal

Nuevos libros

Artes y Educación

Seikyo Press

El Budismo en la vida diaria

“El Vacío”

Exposición

Exposición Obras Maestras de Occidente

Miembros de la SGI

Nepal

Copyright

    

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Comentarios en: "FAMILIA Y SOCIEDAD" (1)

  1. ayudeme
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