La Ciudad Inmortal

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Personajes que no figuran en la prensa

Gracias Carmen por tu lección para quienes tienen un corazón frío, pragmático y metalizado y gracias por tu ejemplo para nuestros jóvenes y niños que tienen sed de admirar líderes que les fomenten valores humanos tan necesarios para mejorar las circunstancias en cualquier lugar de nuestro planeta.

Carmen, una mujer inteligente quien ha recorrido varios países y con sus experiencias, en cada encuentro produce la sensación de querer escucharle  más y más acerca de su vida interesante,  con una cultura que da placer sostener una conversación con ella. Madre que habla de sus hijos como todas aquellas madres generosas y orgullosas de sus frutos.

No descansa, cada día es  para ella defender y proteger a los que no pueden hacerlo por sí mismos.

Habla lo justo, pero hace mucho,  cada día lo ocupa con  acciones en favor de los perros, cuenta que recoge aproximadamente 10 perros diarios, abandonados por sus dueños, ella los cuida, los protege y les busca un hogar trabajando con sus propios recursos y nos cuenta casos de algunos que conviviendo con sus mascotas 10 años luego los dejan abandonados, o con el caso de perros que los veterinarios dicen que les practiquen la eutanasia por su estado crítico de salud y ella en contra de todos los pronósticos ha salvado a muchos de ellos  del parvo, moquillo, leishmania entre otras enfermedades y ahí los tiene tranquilos y corriendo felices por el sitio que les tiene destinado.

Cómo pueden personas sin escrúpulos colgar los perros y asesinarlos cuando ya no les son útiles, o de utilizarlos para peleas de perros y ponerlos en ferias bárbaras para un tipo de diversión que fomenta el maltrato y que deja ver lo más bajo de los instintos humanos que nos hacen inferiores ante los animales, de quienes aprendemos la lealtad y el amor incondicional. La alegría y la compañía que dan los perros es demostrado científicamente que mejora el estado anímico de los enfermos ayudando a su recuperación.

No sé cuántos perros habrán pero hacia donde se dirige la mirada  se ven muchos,  el caso es que cada uno tiene su casa, un terreno amplio para correr, comida de excelente calidad, se les ve en un estado saludable a todos y el cariño que muestran hacia ella hace sentir un amor de familia. Son perros receptivos, cariñosos y alegres.

Carmen es un ejemplo de desinterés, de generosidad, de entrega, pero también es una lección de vida de quien es capaz de darlo todo: su tiempo, su energía, su dinero por una causa altruista. Salva a cientos de perros, pero además está dispuesta a servir, a dar, carece de vanidad, es un espíritu libre.

Les da una mano cuando nadie da nada por ellos, les da una caricia cuando han sido maltratados o abusados y sus perros irremediablemente con su amor tienen un carácter tranquilo y alegre.

 Su fortaleza y su liderazgo radican en que dice la verdad  a quien tenga que decirla y es ella misma en todo instante, a través de sus profundos y bellos ojos azules se ve un alma llena de sabiduría, templanza y amor.

Eugenia Castaño Bohórquez.

CIENTO Y UN PAPANATAS

CIENTO Y UN PAPANATAS


Esto parece el inicio de un cuento, pero no. Es el título que utilizo para denominar a los actores cuyo guión se basa en el del Sumario Judicial abierto por el Caso Gúrtel. La corrupción de esta trama se está desnudando como una cebolla. Capa a capa. Entre indignación social diaria y estupor ante lo que todavía se avecina. En suma des-facha-tez, que nos va inmunizando con anticuerpos de pasividad absoluta ante tanto “bigotes”, “amiguito del alma que te quiero un montón”, trajes, bolsos y demás fetiches a los que encima se ha de aliñar todo con el “presunto” correspondiente, cuando sabemos sobradamente eso de, “Santa Rita, Rita. Lo que se da, no se quita” Así es la escena de esta comedia en la que sólo se ríen los que participan en la obra y los que están entre bastidores dictando la parodia.

2FC3024079C7849F0FF5E78906C6FC952LMientras, los poderes dominantes ceban a sus servidores políticos. No se me ocurre discernir ya entre derecha o izquierda, pues desde hace mucho tiempo sirven a los mismos amos los “Hunos y los Otros”, que dijo don Miguel de Unamuno. La Patronal una vez más en la Historia reciente de este país de países, se manifiesta como un ente deshumanizado, capaz de convertirse en el mejor y más preparado carroñero depredador social del mercado laboral donde todo vale y aún podemos exprimiros más. Como han sido siempre en los peores momentos por los que hemos atravesado. Existen, más Juan Marc de los que piensan. Seres, que desde la sombra, deciden la luz que debemos gastar. La gasolina que debemos consumir. El sueldo que debemos percibir para que seamos unos productores dóciles y sumisos. m3_plenopuerto1_optLos préstamos que deben concedernos para tenernos cautivos y prisioneros el resto de nuestra vida. Cuentan, aunque saben disimularlo muy bien, con sus domesticados sindicalistas que de prudentes e inoperantes, aburren. Que se manifiestan pacíficamente todos los 1 de Mayo. Aparecen, para desaparecer después de cada tragedia obrera que se produce. Eso sí, manejan como nadie las estadísticas en Siniestralidad Laboral; incluso en el ámbito europeo.348B0055EEB4AD2511701EDF213A68848L (1)

No insistan, por favor, que la lían. Se nota que andan poco por la calle, sin esos escoltas que cubren su miedo. Les aconsejo que hagan como el rey de Jordania, Abdalá. Dicen que, a veces, sale de palacio y se confunde entre la multitud para observar el día a día de su gente. Háganlo ustedes, no tengan miedo. Vean de frente lo que desde sus espaciosos y aclimatados despachos no pueden ver ni vivir porque les ciegan y les aíslan sus paredes. Acérquense a los ambulatorios, que sólo visitan el día de su inauguración y que nunca coincide con un día cotidiano, por supuesto. A los mercados, sin cámaras y con veinte euros en el bolsillo y hagan la compra. ¡Verán que ilustrativo! Escuchen a los parados con hijos cuya desesperación desencaja ya sus rostros. Es posible que crean que se trate de una cámara oculta, pero no se equivoquen. Es la vida real la que empieza a impacientarse y a indignarse. kiko-locoLa que han creado a imagen y semejanza de lo que se cuece en sus fríos corazones. Son muchas las razones y las emociones que argumentan lo que nadie desea, pero que parece que sea inevitable si tensan un poco más la paciencia de los honrados y honradas trabajadoras, que esperan de ustedes, gobernantes imputados, que también lo sean. Como responsables, no les indultan las urnas. Ni les ampara la inmunidad política. Si esto no es así, mal vamos de justicia.

carod-eta

Contemplen el cuadro de Goya. Ese de dos españoles apaleándose. Aunque siempre sean los mismos quienes se enfrentan con el paso de los siglos. Quienes provocan ese odio nunca salen en la foto, en este caso que narro, en el cuadro. Son hombres y mujeres que pertenecen a otra clase social preferente. La clase social que piensa cómo ser rica con el esfuerzo de otro. La que no renuncia a lo que no necesita, aunque se mueran de asco los demás. La clase de la que les hablo es por todos conocida. Son los mismos insolidarios que han condenado y condenan nuestras vidas. Los que no hacen más aprecio que el desprecio cuando les contradicen su opinión. Los que huelen a lo que sueñan ser, pero no son ni serán. Los que pisan las moquetas para evitar tocar el suelo y ensuciar sus zapatos de alta gama. maniempleoQuienes jamás sabrán, que la verdadera grandeza, se viste de Humildad, pues ignoran lo que significa alimentarte de la esperanza que nunca llega pero resiste. Los que ocultan y diseñan conspiraciones derrotistas para atenazarnos con el miedo.Pacto-todos1 Churchil, en 1940, dijo que España era el país más rico del mundo, pues llevaban toda la vida robándola y seguían haciéndolo. No es que haya cambiado mucho el panorama en este sentido desde aquellas palabras que pronunció el Primer Ministro inglés del puro, pero los tiempos son otros y es muy difícil pronosticar los impulsos sociales. m3_plenopuerto_optUn día, como otro, puede que se despierte verdaderamente cabreado el pueblo soberano y entonces de nada servirán las reflexiones. No se puede combatir a los elementos naturales. faurafira 2008Lo estamos viendo este verano, cada año, con el fuego. Sin embargo, el ochenta por ciento del terreno forestal está desprotegido. Vivimos en un Parque Natural, en la Sierra de Espadán de Castellón y basta con ver el estado de los ribazos de carreteras y caminos para comprobar la poca previsión en inversión para minimizar los devastadores efectos de los incendios con medios humanos y animales. No debemos olvidar que los rebaños desaparecen, ya casi ni existen en zonas donde siempre formaron equipo con los seres humanos. Rebaños que se alimentan del bajo monte y producen trabajo, carne para nosotros y abono natural para la tierra. Un recurso productivo que se ha dejado de respaldar.RP Mercadillo playa

No se ha remplazado con suficientes brigadas forestales esta insuficiencia irresponsable, supongo que, “por falta de presupuesto”, por supuesto. Eso sí, hay para Copa América, Fórmula 1, visita del Papa (nata) cueste lo que cueste, como dijo en su día la generalísima alcaldesa. Campos de golf y planes urbanísticos; para eso sí. 8393856Para paliar las graves situaciones familiares y solucionar sus cruciales necesidades, eso ya es harina de otro costal que (ellos) no cargan. Pues cosecharán lo que siembren. Si sus semillas son de cizaña, eso será. Si sus semillas son de esperanza, también. Pero no olviden, que es perjudicial para la salud.


Benjamín Lajo Cosido

(memorialista)

Ramón Peralta: “Ser ciudadano en España se limita a pagar y callar”

Ramón Peralta: “Ser ciudadano en España se limita a pagar y callar”

20.11.08 | 12:09. Archivado en Aviación
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Miguel Pato y Tatiana R. Brito (PD)-. Después de 30 años con la presente Constitución vigente cabe hacerse ya la pregunta de cuál es su estado de salud. Para el autor de “La Constitución como sistema de Libertad” (Ed. Actas) la respuesta no es muy halagüeña. Ramón Peralta explica que tenemos una Carta Magna que se hizo para una Transición y de ello derivan los problemas y errores que se viven tres décadas después.

El hecho de que este texto, cuyo fin debería de ser garantizar derechos y libertades, se haya convertido en un arma política se debe a que hemos transformado una democracia en una“partidocracia”.

“Ya ni siquiera hay democracia interna en los partidos. Sólo existe una cúpula dirigente que se apoya en preceptos constitucionales actuales.”

Para este doctor en Derecho Constitucional en 1978 se optó por una fórmula que deriva en la “confusión total” entre poder ejecutivo y legislativo, entre Gobierno y Parlamento. El caso del Poder Judicial, según explica Ramón Peralta, es el mismo pues sus órganos de Gobierno lo designan los parlamentarios.

“El pueblo está ausente de los poderes públicos. No existe una fórmula electoral que represente a los ciudadanos en el Parlamento. Con el sistema de listas, los diputados sólo representan al jefe del partido que diseña esas listas”.

Bajo estas premisas, Ramón Peralta lamenta que el Parlamento se ha convertido en la “capilla” de los partidos políticos.

“Entre los jefes de los partidos políticos se puede decidir toda la legislatura mientras los demás diputados se limitan a decir amén. El Parlamento se ha convertido en algo totalmente al margen de la sociedad”.

La situación es grave si se tiene en cuenta que hoy en día, como explica este experto, ser ciudadano en España se ha limitado a pagar impuestos y tasas que te imponen y escoger una lista electoral cada cuatro años.

“El régimen constitucional en España se limita a pagar y callar. Ni siquiera podemos elegir al jefe del poder Ejecutivo que se elige en sesión de investidura en el Parlamento.”

EL TEXTO CONSTITUCIONAL Y MONARQUÍA

Para Ramón Peralta el problema está en que todos estos desajustes no se focalizan hacia el texto Constitucional y, además, gran parte de la corrupción deriva de la falta de control de los poderes públicos.

Pero hay un tema de fondo que es si esto puede o no puede ser tolerado por el pueblo soberano. Así, el doctor de derecho Constitucional subraya que tendríamos que preguntarnos si en España

“Somos un pueblo de ciudadanos o un pueblo con tendencias serviles”.

En estos tiempos de crisis, añade el autor, es necesario que la ciudadanía se dé cuenta de que el actual sistema no es sostenible

“Los 17 mini estados (Comunidades Autónomas), un Gobierno Central, sindicatos, partidos y todos aquellos que viven del Estado suman una cifra muy cara”

Asimismo, la culminación de un camino constitucionalista no puede ser este texto de 1978. No puede ser cuando, por ejemplo, “la jefatura del Estado se hereda como se hereda una finca”.

Para Ramón Peralta, igual que la Constitución es de transición, el regreso de la Monarquía a nuestro país es “algo anecdótico” en nuestra historia.

Obama aboga por usuarios de tarjetas de crédito

El mandatario busca que se prohíban las prácticas injustas de este tipo de empresas
Barack Obama, presidente de EEUU, pide cuentas claras. [Fotos: AP]

WASHINGTON, D.C.— El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, anunció ayer una nueva ley que pondrá límite a los abusos de las empresas de tarjetas de crédito, a las que exigió, sobre todo, evitar las subidas inesperadas de los tipos de interés.

Obama se reunió ayer con los representantes de una quincena de empresas de medios de pago para conocer su opinión sobre la marcha del sector y anunciarles las líneas generales de la reforma del ramo que su gobierno promoverá en el Congreso.

En el encuentro, les dejó claro que las tarjetas de crédito son “una fuente de financiación para muchos individuos y pequeños negocios que están creando empleos”, por lo que merece la pena “preservar este mercado”.

“Pero queremos hacerlo de manera que eliminemos alguno de los abusos y problemas en los que mucha gente se encuentra. Gente que empieza con una tarjeta con un tipo de interés muy bajo y de repente se encuentra con que se ha duplicado, con comisiones desconocidas, y con unos ‘términos y condiciones’ que carecen de claridad y transparencia”, se quejó el presidente.

El negocio de las tarjetas de crédito se ha incrementado de manera exponencial en los últimos años en Estados Unidos, donde en enero de 2009 la deuda contraída por este medio de pago ascendía a 963 mil millones de dólares, según datos del Banco de la Reserva Federal (Fed).

En Estados Unidos., más de las tres cuartas partes de las familias utilizan tarjetas de crédito, con una deuda media por familia de 7,300 dólares.

Una quinta parte de ellas, según datos de 2006, pagaba intereses que estaban por encima del 20%.

Con el agravamiento de la crisis, la tasa de morosidad e impago ha crecido un tercio desde finales de 2006 hasta la actualidad.

Barack Obama (centro) responde a preguntas de los reporteros en el salón Roosevelt de la Casa Blanca, donde se refirió al tema de las tarjetas de crédito. Timothy Geithner (izq.), secretario del Tesoro, sonríe tras una respuesta del mandatario. [Foto: AP]
Anualmente, las empresas de tarjetas recaudan 15 mil millones de dólares en penalizaciones, lo que supone el 10% de todos los ingresos de la industria.

En la reunión, y en presencia de las cámaras de televisión, el Presidente detalló algunas de las líneas generales de la legislación que su gobierno promoverá, y que irá dirigida a mejorar la protección del consumidor y la responsabilidad de las empresas financieras.

En ese sentido, el gobierno buscará que se prohíban los incrementos injustos de los tipos de interés que se cobran por comprar a crédito, así como las comisiones y las penalizaciones abusivas que a veces se aplican.

Los extractos que envíen las empresas de medios de pago tienen que estar escritos en un lenguaje llano y sencillo.

“No más letra pequeña, no más ‘términos y condiciones’ confusos”, dijo Obama.

El Presidente también quiere que las empresas faciliten el acceso de los clientes a sus contratos, especialmente a través de la internet, y que simplifiquen los términos en los que les ofrecen nuevos productos.

Por último, la reforma debe recoger penalizaciones para las empresas que violen la ley o para aquellas prácticas que dañen las economías familiares.

Mientras se elabora esta nueva ley, varios legisladores demócratas han presentado propuestas para enmendar la legislación actual, de manera que tenga un efecto inmediato en los consumidores.

El miércoles, un comité de la Cámara de Representantes aprobó por una mayoría abrumadora una norma que reducirá las comisiones y limitará la capacidad de las empresas de medios de pago de cobrar penalizaciones.

Esta enmienda permitió incorporar a la ley las restricciones que el año pasado había adoptado el Fed, entre las que figuraba, por ejemplo, la prohibición de ofrecer tarjetas de crédito a menores de edad.

 

 

En la Cámara Alta, los senadores Charles Schumer y Chris Dodd presentaron una Declaración de Derechos de los usuarios de tarjetas de crédito en la que se obliga a las firmas, por ejemplo, a comunicar con 45 días de antelación cualquier incremento de los tipos de interés en la compra a crédito.

 

http://www.impre.com/laopinion/noticias/primera-pagina/2009/4/24/obama-aboga-por-usuarios-de-ta-121077-3.html

 

 

Ludwig von Mises

Mises, el último caballero del liberalismo
Por  Alejandro Villuela

La biografía que hoy comentamos: Mises, the Last Knight of Liberalism, de Guido Hülsmann, es, con diferencia, la mejor que se ha publicado sobre el personaje, y pieza fundamental para quien quiera elaborar una historia de la Escuela Austríaca de economía o conocer en profundidad el devenir del liberalismo en el XX. Cualquier lector de Ludwig von Mises sabe que éste es uno de los grandes. Sus aportaciones fueron de primera magnitud, por haber erigido un sistema de pensamiento económico acaso incompleto pero de una profundidad, una lógica interna y un poder de explicación de la realidad poco habituales, quizá únicos.

Maurice Allais, en los antípodas del pensamiento del austríaco, dijo de él que era “un hombre de una inteligencia excepcional” cuyas aportaciones a la ciencia económica fueron “todas de primer orden”. Ludwig von Mises fue hijo de su tiempo, de esa Viena del cambio de siglo que supo secretar los hombres más extraordinarios del XX.

Los judíos como él daban extraordinaria importancia a la formación, y no es una casualidad que también su hermano Richard descollara –en su caso, en la estadística–. Como cuentan Stefan Zweig en su autobiografía y Hülsmann en estas páginas, aquellos fueron unos jóvenes que quedaban en los cafés para leer revistas de arte y pensamiento y compartir sus últimas lecturas de filosofía o poesía. Mises estaba destinado a ser socialista, como cualquier profesor judío de por entonces, pero cuando leyó los Principios de Menger descubrió la lógica subyacente a los fenómenos económicos y se dedicó a estudiar la ciencia económica, de la que llegó a ser uno de sus mejores conocedores. Esa lógica le llevó a desconfiar del socialismo, del que sería su crítico más certero.

En el seminario que mantuvo en Viena durante años, rodeado de alguno de los más destacados defensores de la libertad en el pasado siglo, era conocido como “el liberal”. En la Mont Pelerin Society, uno de los santuarios liberales de nuestro tiempo, se largó indignado de una reunión tras acusar a todos los asistentes de ser una panda de socialistas.

Años después, uno de sus discípulos más famosos, Murray Rothbard, llegaría a decir: “Algunos de nosotros situábamos a Mises en la izquierda no comunista” en materia política, lo que da una idea de hasta qué punto había sido capaz de fomentar el avance de sus discípulos hacia el liberalismo. Sea como fuere, fue un gran conversor de socialistas de todas las partidas. Hülsmann da cuenta aquí de la revolución liberal que inició nuestro hombre en la Europa de habla alemana de los 20, y que quedó truncada por el ascenso del nazismo. Surgió de la muy conocida (aunque mal entendida) crítica miseana del socialismo, expuesta en primer término (1920) en un artículo y después en el monumental Socialismo.

Un estudio económico y sociológico (1922). El éxito de su demostración de que el socialismo era un error fue arrollador. Para entonces, Mises era ya el primer economista de Austria. Con la ayuda de Max Weber –colaboración que concluyó con la temprana muerte de éste–, provocó lo que entonces se llamó “la crisis de la política social”, que llevó a un número creciente de intelectuales a dejar el socialismo por el liberalismo.

Pero Hitler acabará con todo ello. También Intento revolucionar Londres, esa ciudad conquistada al comienzo de los 30 por su discípulo Friedrich von Hayek, quien entró en la London School of Economics de la mano de Lionel Robbins, un falso miseano que quiso convertir esa institución de inspiración fabiana en la contrapartida liberal al Cambridge de Keynes, pero no lograría una influencia decisiva ni permanente sobre los alumnos de la LSE, entre los que se contaban varios de los principales economistas del XX, como John Hicks, Nicholas Kaldor, Abba Lerner, Tibor Scitovsky, George Shackle o Ronald Coase.  ¿¿Por qué??

En primer lugar, porque Hayek partía de una base completamente distinta a la suya, la del equilibrio general de Walras. Pero es que además nuestro hombre no logró completar su sistema, que le hubiera servido para ganar más adeptos, hasta 1940. Para entonces todos (menos Ludwig Lachmann) habían abandonado a Friedrich Hayek, así como la Escuela Austríaca. Murray Rothbard.Mises acabó recalando en EEUU.

Si los nacionalsocialistas no lo hubieran perseguido, por judío y por liberal, no se habría visto forzado a cruzar el Charco, no habría escrito en inglés ni habría tenido allí unos discípulos, como Hans Sennholz, Israel Kirzner, George Reisman, Bertrand de Jouvenel o el mencionado Rothbard, que dieron un notable impulso a las ideas liberales. Con estos y otros nombres, el gran economista sí lograría asentar una escuela puramente miseana. Contaba, para entonces, con su obra magna, La Acción Humana, en la que exponía sus ideas de un modo sistemático.

Esta fue la segunda revolución, que sí se ha completado con éxito. Guido Hülsmann nos explica cada avance en el pensamiento de Mises con un detalle y una comprensión del personaje jamás alcanzada, ni de lejos, por autor alguno. Es la primera biografía que se beneficia de los papeles perdidos de Mises descubiertos por Richard Ebeling (quien, por cierto, está preparando otra); los que le robaron los nazis que fueron a su casa a matarle, papeles que acabaron en el imperio soviético, donde fueron clasificados y guardados. Que nos hayan llegado en perfectas condiciones gracias a los dos totalitarismos que tanto combatió su autor resulta, sí, una fenomenal paradoja.

Como Mises tuvo numerosos discípulos americanos que escribieron de él por lo menudo, las páginas dedicadas a su vida y obra en los EEUU son menos interesantes que las casi 800 que hablan de la fase anterior de su biografía. En ellas se describe cómo Mises fue erigiendo, con una consistencia que llama la atención, su armazón teórico.

Dio gran importancia a la elección o preferencia –como habían hecho Cuhel y Schumpeter–, a la que situó en el centro de la teoría del valor. Engarzó, por vez primera en la historia, el dinero con el marginalismo (v. La teoría del dinero y del crédito, 1912).

Criticó el socialismo y la generalización de la Ley de Ricardo (v. Socialismo). Amplió la teoría del comercio internacional introduciendo la movilidad de los factores (v. Nación, Estado y economía, 1919). Formuló una teoría del ciclo (v. Sobre la manipulación del dinero y el crédito, 1928). Por supuesto, criticó el intervencionismo, y tras escribir sobre Problemas epistemológicos de la economía publicó la obra con que cerró su sistema: Natiönalokonomie (1940), de la que surgiría su obra cumbre: La acción humana (1949), que contiene dos de sus más valiosas contribuciones a la ciencia económica (la teoría del interés y su visión de la empresarialidad) y fue el instrumento ideal para crear, aunque fuera en contra de su temperamento, una escuela miseana en Nueva York.

Guido Hülsmann ha escrito una obra maestra. Es el mejor libro que he leído en años, y puedo decir que no soy la única persona que ha experimentado lo mismo.

Robert Higgs, uno de los grandes historiadores liberales del momento, ha declarado: “Si hubiese escrito algo la mitad de maravilloso, y reconozco que carezco de las habilidades para hacerlo, habría considerado mi carrera un completo éxito”.

Mises,  es un regalo para la humanidad. No sólo para quien esté interesado en el liberalismo económico,  o en el pensamiento económico en general, sino para todo aquel se sienta concernido por la historia del siglo XX y por la lucha de la libertad, en la que Mises llegó a estar prácticamente solo frente a los totalitarismos.

David Friedman: anarco-capitalismo utilitarista

Por Albert Esplugas Boter

Creo que aunque hay ciertas tareas importantes que por motivos especiales son difíciles de realizar bajo instituciones estrictamente de propiedad privada, estas dificultades son en teoría, y pueden serlo en la práctica, solubles. Yo sostengo que no hay ninguna función adecuada para el gobierno. En este sentido soy un anarquista. Todo lo que el gobierno hace puede ser clasificado en dos categorías: aquello que podemos suprimir hoy y aquello que esperamos poder suprimir mañana. La mayor parte de las funciones gubernamentales pertenecen al primer tipo.”
David Friedman, The Machinery of Freedom[1].
 
El economista David Friedman, profesor de derecho de la Universidad de Santa Clara e hijo del Nobel Milton Friedman, es no de los máximos exponentes vivos del anarco-capitalismo, a la par que uno de sus teóricos más heterodoxos. No hay servicio, afirma, que el mercado no pueda proveer de manera más eficiente y justa que el Estado, desde la sanidad a los tribunales, pasando por la enseñanza, la gestión de las calles o la policía. Friedman se define como un conservador goldwateriano que simplemente lleva el principio de la libertad más lejos que el célebre político republicano. De hecho a veces gusta llamarse, en su peculiar jerga política, un “anarquista goldwateriano”[2]. Aborda el anarco-capitalismo desde una perspectiva fundamentalmente pragmática, lo que le distingue de otros autores como Murray Rothbard o Hans-Hermann Hoppe que ponen el acento en los derechos naturales del hombre.
 
Friedman rechaza el utilitarismo como patrón último para determinar lo que debe hacerse y lo que no, pero considera que los argumentos de esta clase son en general los más eficaces para defender la doctrina libertaria. La gente tiene ideas muy diversas acerca de lo que es justo, sin embargo la mayoría coincide en que la felicidad y la prosperidad son propósitos deseables. Arguye Friedman que si, por ejemplo, aboga por la derogación de las leyes antidrogas alegando que violan los derechos individuales de los adictos, sólo convencerá a otros liberales. Pero si explica que las leyes antidroga generan delincuencia debido al aumento de los precios y que la baja calidad de los estupefacientes, principal causa de mortalidad entre sus consumidores, es típica de los mercado ilegales, probablemente entonces pueda convencer incluso a personas que no crean que los adictos tengan derechos. El profesor Friedman apunta otra razón por la cual emplea a menudo argumentos utilitaristas, que es que su especialidad es la economía y no la filosofía moral. Por otro lado opina que la primera es una ciencia más desarrollada que la segunda: se sabe más sobre las consecuencias de determinadas instituciones que sobre lo que es la justicia.
 
El anarco-capitalismo, dice el teórico libertario, no requiere ningún “hombre nuevo” para materializarse. “Una utopía que sólo es factible en una sociedad de santos es una visión peligrosa, porque nunca hay suficientes santos[3]. Su tesis es que la viabilidad del anarco-capitalismo no requiere más “santos” de los que hay ahora (antes al contrario, le basta con menos), y una vez instaurado sería un sistema estable que dudosamente evolucionaría hacia un régimen estatista. Friedman considera que bajo instituciones gubernamentales la ley es como un bien público (porque se aplica a todos aquellos ciudadanos que se encuentran en una misma jurisdicción, hayan o no votado la ley) y en consecuencia es una “mercancía” subproducida. En este contexto, la “mala” legislación (la que beneficia a determinados grupos en detrimento de los demás) tiene un componente menor de bien público y es por lo tanto más abundante que la “buena” legislación (la que beneficia a todos). Friedman ilustra este fenómeno explicando que en un escenario en el que uno puede obtener 1000 dólares o bien mediante la derogación de un ingente número de leyes que favorecen intereses especiales o bien mediante la aprobación de una sola ley que favorezca su interés especial particular, será más costosa para el afectado la primera opción, aunque beneficie a la sociedad entera[4]. De ahí el extraordinario afán por servirse del sistema democrático para conseguir privilegios y socavar el libre mercado, lo que acaba redundando en perjuicio de todos. En una sociedad sin Estado, por el contrario, la ley dejaría de tener carácter de bien público, pues cada individuo compraría y obtendría su propia legislación. No así la promoción del estatismo, porque las políticas públicas deben aplicarse indistintamente sobre los individuos de un territorio dado y para un particular resultaría más costoso reintroducir el gobierno (aunque vaya a beneficiar a todos) que recurrir al libre mercado para lograr lo que desea. En realidad Friedman piensa que es el Estado mínimo y no la sociedad anarco-capitalista la que merece el epíteto de utópico, puesto que la lógica de los intereses especiales siempre acabaría dilatando el reducido sector público inicial. De hecho la imposibilidad del Estado mínimo se habría observado en la evolución del propio sistema norteamericano, que presuntamente se hallaba constreñido por una constitución liberal y es hoy un engendro intervencionista de titánicas dimensiones.
 
Examinemos ahora con cierto detenimiento el interesante juicio del profesor Friedman sobre algunas cuestiones más concretas.
 
 
Policía, tribunales y leyes
 
Friedman considera que en una sociedad sin Estado los servicios de policía podrían ser proveídos por agencias privadas de protección, cuyas prestaciones irían desde la colocación de vallas defensivas y alarmas a patrullas de gendarmes y sustitutos electrónicos. La composición del servicio la determinarían los costes y la efectividad de las distintas alternativas. A diferencia del Estado, que tiene nulos incentivos para proteger a sus ciudadanos (más bien tiene incentivos para expoliarlos), las agencias de protección competirían en un mercado libre y se verían empujadas a suministrar el mejor servicio al menor precio posible. Las diferentes empresas extenderían contratos entre ellas especificando el tribunal privado que resolvería los conflictos mutuos. Si un individuo de una agencia fuera acusado de cometer un delito contra un individuo de otra agencia, la opción de un enfrentamiento violento entre ambas agencias sería absolutamente antieconómica (por el coste de los daños, porque el riesgo de pugna subiría los precios y los consumidores se desplazarían a empresas menos conflictivas y baratas…). Teniendo en cuenta que las guerras son caras y que se trataría de empresas con ánimo de lucro, éstas evitarían las disputas recurriendo a tribunales estipulados de antemano. Los tribunales, que a su vez competirían para captar a las agencias, ofrecerían un surtido de leyes que se ajustaría a la demanda del mercado. Las agencias patrocinarían los tribunales más eficientes y con una oferta de leyes más atractiva para sus clientes. En la práctica es posible que muchas empresas de protección, con el propósito de ahorrar complejidad a sus usuarios, contratasen el mismo tribunal y muchas cortes adoptasen sistemas de leyes idénticos o casi iguales. Si resultara confuso tener numerosos sistemas legales distintos, los tribunales tendrían un fuerte incentivo para uniformar sus leyes, lo mismo que las compañías papeleras tienen incentivos para estandarizan el tamaño de las hojas[5].
 
De este tipo de instituciones, sin embargo, no se seguiría necesariamente una legislación liberal. La ley estaría sujeta a la demanda de los consumidores y en tanto que éstos reclamaran disposiciones antiliberales el mercado las proveería. Pero, a diferencia del contexto estatista, “la demanda del mercado es en dólares, no en votos”[6]. La protección contra las agresiones tendría lógicamente una gran demanda, pero habría poco mercado para la sanción de “delitos sin víctimas”, puesto que no dañan a nadie físicamente. Y si el coste de una medida prohibicionista es mayor para los afectados que su valor para los promotores (lo que sucederá casi siempre), los primeros estarán dispuestos a pagar más para prevenirla que los segundos para implementarla y en consecuencia la ley no sobrevivirá[7].
 
Según David Friedman un sistema anarco-capitalista con suficiente aceptación popular estaría razonablemente a salvo de amenazas interiores y sería mucho más pacífico que un escenario estatista. Las agencias se financiarían mediante pagos voluntarios y competirían en el mercado, por lo que en el instante en que alguna procediera, por ejemplo, de manera belicosa, el consumidor podría contratar otra empresa y aquélla se quedaría sin clientes y sin fondos para proseguir con su fechorías. Como señala Friedman, sería como si un mandatario declarara una guerra y al día siguiente la población de su país se hubiera reducido a tres generales, veintisiete corresponsales y él mismo[8].
 
¿Podría producirse una colusión entre las distintas agencias para someter a la ciudadanía? Ante todo, ese sería un peligro menos probable si la población estuviera armada. Dicho esto, cabe considerar que en la actualidad la policía y el ejército también podrían sublevarse y tomar el control de las instituciones, y sin embargo no lo hacen. Según Friedman habría que presumir que existen ciertas restricciones morales internas que se lo impiden y que podrían darse igualmente en una sociedad sin Estado. De hecho hay razones para pensar que bajo el anarco-capitalismo el ansia de poder sería menor, pues las agencias estarían administradas por empresarios eficientes dedicados a complacer al consumidor, no por políticos que se arrogan el derecho a dominar al pueblo. Asimismo es preciso tener en cuenta que quizás la colusión fuera factible si hubiera sólo tres agencias de protección en todo el territorio, pero no si hubiera diez mil, porque entonces los consumidores se desvincularían de las que actuaran como gobiernos y se adherirían a las que custodiaran sus derechos. Y atendiendo al tamaño económicamente óptimo que una empresa de protección podría tener, Friedman considera que la cifra de agencias estaría más cerca de diez mil que de tres[9].
 
El sistema de justicia actual proporciona un mejor servicio a los individuos con rentas altas. Aunque el mercado de protección no proveería igualdad, sí mejoraría la posición de los más pobres. Friedman estimó en los años 70, cuando el gasto del gobierno estadounidense en fuerzas de seguridad y tribunales era de unos 40 dólares per cápita anuales, que en una sociedad anarco-capitalista un servicio de la misma calidad quizás podría costar 20 dólares, precio asequible para virtualmente cualquier familia norteamericana, máxime si se suprimen los impuestos.
 
 
Aislacionismo militar
Friedman se plantea la cuestión de la política exterior prescindiendo de si la ejecutaría un gobierno limitado o instituciones privadas. Su tesis es que una país / sociedad no puede tener una política exterior genuinamente libertaria (en tanto que “política exterior” implica la existencia de otros Estados; en un mundo anarcocapitalista, sin fronteras territoriales, ese concepto carecería de sentido).
 
Se distinguen dos posicionamientos básicos: el intervencionista y el aislacionista.
 
Bajo una política intervencionista una nación mantiene numerosas alianzas y apoya regímenes varios considerados de interés para la seguridad nacional. No es válido decir que estas ingerencias en los asuntos internos de otros Estados son ilegítimas per se, ya que son los individuos y no los Estados los que en rigor no pueden ser interferidos o agredidos. Otorgar inmunidad a los segundos es quitársela a los primeros, puesto que es conceder al Estado la plena libertad (el derecho a no ser agredido) para violar la libertad de su pueblo. Pero la política intervencionista es sensible a otro argumento, que es que su aplicación casi inevitablemente conlleva el sostén de regímenes opresivos. Coligarse con el Shah de Irán, explica Friedman, no sólo implicó defender a su país de las agresiones externas, también implicó armar a su policía secreta. Y si se está apoyando, entrenando, equipando, subvencionando las fuerzas que el gobierno emplea para someter a su pueblo, se es parcialmente responsable de esta coerción.
 
Bajo una política aislacionista una nación apenas posee socios y sólo interviene cuando es agredida. En el contexto de la guerra fría, por ejemplo, eso suponía sustituir las alianzas por un buen número de misiles termonucleares. Si la Unión Soviética atacaba Estados Unidos, éste debía responder lanzando sus cohetes sobre suelo ruso, y entonces el resultado hubiera sido la aniquilación de millones de personas inocentes, simples víctimas del sistema comunista y tan responsables de las decisiones del gobierno Moscú como cualquier norteamericano. Lo que afirma Friedman es que una guerra de auto-defensa también conlleva una vasta pérdida de vidas civiles.
 
Así pues, no parece que ninguna de las dos grandes categorías se ajuste al principio de no-agresión liberal. Habría alguna otra alternativa según el profesor Friedman, aunque poco halagüeña. Por ejemplo el empleo de guerrillas en lugar de alianzas o misiles. Pero dice que históricamente las guerrillas, sin apoyo externo, han sido poco exitosas enfrentándose a ejércitos regulares. Además, es dudoso que en una guerra de guerrillas se respeten más los derechos individuales, a menos que éstas limiten severamente sus actuaciones (y sus posibilidades de vencer). Se apunta a menudo que aun sin ejército una sociedad anarco-capitalista, armada y hostil, sería difícil de conquistar por un Estado, ya que carecería de la estructura administrativa necesaria para controlar a la población. Pero, como apunto Friedman, habría un método simple para someterla: se advierte a una ciudad del territorio libre que si no paga un tributo será arrasada con proyectiles. Si la ciudad se niega a ceder, el agresor lanza las bombas, se registra en video la masacre y se envía la cinta a la próxima ciudad, que probablemente pagará.
 
Aparte de la mera rendición, por lo tanto, no parece haber una estricta postura libertaria que sea aceptable. El profesor Friedman arguye que en estas circunstancias lo más sensato y práctico es un posicionamiento fundamentalmente aislacionista. Distintos objetivos en conflicto en el seno de la Administración derivan a menudo en una política exterior mal diseñada. A modo de ejemplo Friedman menciona el caso de Estados Unidos, que entró en una guerra por intentar defender a China de Japón, durante los próximos treinta años estuvo defendiendo a Japón, Corea, Vietnam… de China, y luego descubrió que era precisamente China su verdadero aliado contra la Unión Soviética[10]. El aislacionismo generaría de este modo menos disputas e incentivaría a los otros países afines a ser militarmente autónomos.
 
 
Crítica al apriorismo de la no-agresión
Para David Friedman el principio libertario de la no-agresión se antoja simple y verdadero sólo porque se aplica de manera selectiva a casos poco complejos. En realidad la materia es mucho más problemática y las máximas tradicionales del tipo “no puede iniciarse nunca la coerción”, “el hombre tiene pleno derecho sobre su propiedad, con la condición de que no viole los respectivos derechos de los demás”, no sirven para fundamentar todo el cuerpo teórico liberal[11]. Friedman es consciente de que su defensa del libertarismo en términos utilitaristas puede ser criticada muy duramente desde posiciones iusnaturalistas, ya que parece implicar que uno debe rechazar la libertad si descubre que algún método coercitivo funciona mejor. Pero la cuestión es que los principios liberales apriorísticos, tomados literalmente, presentan algunas dificultades que según Friedman parecen insolubles y producen ciertas conclusiones que virtualmente ningún libertario estará dispuesto a aceptar. Así pues, a partir del concepto de los derechos naturales no sería posible (al menos en la actualidad) deducir íntegra y consistentemente el modelo de una sociedad libre.
 
Friedman razona su punto de vista planteando sugestivos interrogantes y situaciones. Se pregunta, por ejemplo, qué es lo que debe entenderse por “trasgresión de la propiedad”. Si alguien dispara un láser de mil megavatios contra su puerta sin duda estará violando sus derechos de propiedad, pero ¿qué sucede si reduce la intensidad del brillo, por ejemplo al nivel de una linterna? ¿Dónde fijar una frontera? Si alguien enciende una luz en su casa y un vecino la percibe desde la suya, con el ojo desnudo o a través de un telescopio, significará que algunos fotones se han introducido en la propiedad del segundo sin que éste lo haya consentido. ¿Trasgresión de derechos? Algo similar sucedería con la polución. Si uno tuviera derecho absoluto sobre su propiedad, podría alegar que sus vecinos deben contener la respiración, porque cualquier molécula de dióxido de carbono que exhalen y penetre en su propiedad sin su consentimiento será una violación de derechos. Una respuesta a estos problemas, apunta Friedman, es sostener que sólo son admisibles las trasgresiones significativas. ¿Pero qué es una trasgresión significativa? Y si para contestar debemos examinar las consecuencias de las acciones ya estaremos emitiendo un juicio utilitarista.
 
Igualmente, dice el profesor Friedman, surgen problemas cuando se contempla la probabilidad de determinados efectos en lugar de su “volumen”. Emplea aquí la siguiente analogía[12]: si uno juega a la ruleta rusa con un tercero se considerará una violación de derechos, pero ¿y si la recámara tuviera mil o un millón de cápsulas? Si también se considera una violación de derechos, ¿significa que nadie puede realizar ninguna acción si existe la posibilidad de que ésta dañe a otro individuo? ¿Es legítimo que vuelen los aviones si sabemos que éstos tiene una probabilidad de 1 entre X de estrellarse contra una población?
 
Según Friedman, desde el iusnaturalismo no podemos responder por qué un elefante no puede cruzar nuestra propiedad y en cambio sí puede hacerlo un satélite a miles de kilómetros de altura. La teoría lockeana de la adquisición de la tierra (nos apropiamos de la tierra cuando mezclamos nuestro trabajo con ella) tampoco sería útil para determinar por qué si despejamos un bosque no nos apropiamos sólo del valor añadido fruto de nuestro esfuerzo, sino de la tierra entera[13].
 
Pero habría otros problemas además de los relacionados con la acotación de los derechos de propiedad. También un sistema legal libertario suscita espinosos interrogantes. Raramente un juicio produce una certeza de culpabilidad. Si existe un 2% de posibilidades de que un condenado sea inocente y se violen, por tanto, sus derechos, ¿puede legitimarse la sentencia de culpabilidad desde principios iusnaturalistas? ¿Qué podemos decir a priori de la justeza de un determinado margen de error? Y en cuanto a la pena, ¿cómo derivar del principio de no-agresión el castigo o la indemnización adecuada?
 
Dejando de lado las situaciones que acaso entrañarían violaciones menores de derechos, Friedman indica que podemos imaginar otro tipo de escenarios comprometedores para los libertarios. Si en una propiedad privada en la que se prohíbe portar armas alguien saca un rifle y se dispone a disparar a la multitud, ¿debe uno abstenerse de quitar el arma al maníaco y emplearla para contenerle? Eso parece, si hay que ceñirse a los principios, pero es dudoso que encontremos muchos liberales dispuestos a ser consecuentes.
 
Friedman sugiere la posibilidad de sustituir la máxima tradicional de la no-agresión (“nunca iniciar la coerción”) por otra que nos remita al objetivo deseado: “minimizar la coerción”. De este modo, en el escenario anterior, un individuo podría transgredir los derechos del propietario quitándole el rifle al maníaco y salvar así numerosas vidas. El monto total de coerción sería mucho menor. Pero este precepto utilitarista tampoco satisface a Friedman, que no está dispuesto a aceptar algunas de las conclusiones que de él pueden derivarse. Por ejemplo, aunque minimizaría la coerción, se opone a que alguien robe un arma de 100 dólares para evitar que un asaltante le hurte 200. Otro problema sería que este criterio es fútil ante la disyuntiva entre un coste reducido de coerción y un coste enorme de cualquier otra cosa. Por ejemplo, si un asteroide estuviera a punto de colisionar contra la Tierra y la única manera de evitarlo fuera robando un artefacto perteneciente a otro individuo, la fórmula de la “minimización de la coerción” no nos autorizaría a sustraer el artefacto, porque una catástrofe natural no es ningún tipo de coerción, y entonces perecería toda la humanidad[14].
 
Una posible respuesta a todos estos planteamientos, señala Friedman, sería que el libertarismo es un principio absoluto, si bien las máximas simples tradicionales (no-agresión etc.) son en realidad aproximaciones a unas pautas más complejas y sutiles, y por tanto es lógico que en determinadas situaciones difíciles las aproximaciones no resulten adecuadas. El profesor Friedman dice simpatizar con este punto de vista, pero aclara que no es muy útil para enfrentarse a las cuestiones del mundo real, al menos hasta que alguien concrete cuáles son realmente estos principios.
 
Otra posible respuesta, con la que Friedman también simpatiza, es que hay distintos valores importantes que no pueden ser clasificados en una simple jerarquía. La libertad sería un valor, pero no el único.
 
Una tercera respuesta, característica de los iusnaturalistas, es que no hay ningún conflicto entre la libertad a priori y el utilitarismo, quizás porque existe una conexión profunda entre ambos. Las problemáticas planteadas anteriormente debieran interpretarse entonces como una combinación de errores sobre lo que es posible (por alguna razón esas situaciones no podrían ocurrir en el mundo real) y errores acerca de lo que verdaderamente implican los correctos principios liberales.
 
La conclusión de Friedman es que el libertarismo no es una colección de proposiciones simples e inequívocas, sino un intento de aplicar ciertas nociones económicas y éticas a una realidad muy compleja[15].

[1] Friedman, David, “The Machinery of Freedom, Guide to a Radical Capitalism”, 2º ed. La Salle, IL: Open Court, 1989, pág. 19.
[2] Íbid. Pág 13.
[3] Íbid. Pág. 148.
[4] Íbid. Pág 157.
[5] Friedman trata este tema y refuta algunas objeciones en “Law as a Private Good, A Response to Tyler Cowen on the Economics of Anarchy”Economics and Philosphy, 1994
[6] Friedman, David, “The Machinery of Freedom, Guide to a Radical Capitalism”, 2º ed. La Salle, IL: Open Court, 1989, pág. 127
[7] Friedman habla en profundidad del análisis económico del derecho en su obra “Law’s Order: An Economic Account”, Princeton University Press, 2000; consultable en la red: También versa sobre la eficiencia de la ley su trabajo “Anarchy and Efficient Law”, en For and Against the State
[8] Friedman, David, “The Machinery of Freedom, Guide to a Radical Capitalism”, 2º ed. La Salle, IL: Open Court, 1989, pág. 123
[9] Íbid. Pág. 124
[10] Íbid. Pág. 214
[11] Los capítulos 41,42 y 43 de “The Machinery of Freedom”, en los que Friedman discute esta cuestión, se pueden consultar íntegros en su página web.
[12] Friedman, David, “The Machinery of Freedom, Guide to a Radical Capitalism”, 2º ed. La Salle, IL: Open Court, 1989, pág. 169.
[13] Friedman intenta articular una defensa del derecho de la propiedad desde una perspectiva algo distinta en “Comment on Brody”, Social Philosophy and Policy, 1983.
[14] Friedman, David, “The Machinery of Freedom, Guide to a Radical Capitalism”, 2º ed. La Salle, IL: Open Court, 1989, pág. 175.
[15] Íbid. Pág. 176. Más trabajos e información sobre David Friedman en su página web.

Mijail Bakunin, el principal ideólogo del anarquismo (LXXIII)

Por: JAVIER MEMBA

 

Si bien Godwin, además de padre de Mary Shelley fue el primer anarquista especulativo, el austríaco Max Nettlau (1865-1944) -el Herodoto de la anarquía, que lo llamó Rudolf Rocker (1873-1958)- ya ve inspiración libertaria en la aversión al estado del filósofo griego Zenon de Cicio (333-263 a.C.). La desobediencia, como poco, es tan antigua como la sumisión. Pero de cuantos pensadores ha dado desde entonces el sentir libertario, fue Mijail Bakunin el principal ideólogo del anarquismo como acción revolucionaria. El resto de sus predecesores el pensamiento ácrata -además de Godwin lo fueron Max Steiner (1806-1856) y Pierre-Joseph Proudhon (1809-1865)- eran, como con tanto acierto señala Bert F. Hoselitz, anarquistas especulativos. 

Lo primero que sorprende al estudiar la figura de Bakunin es que un hombre, que vivió tan entregado a la acción revolucionaria que jamás tuvo tiempo de terminar un libro -todos sus volúmenes son compilaciones de cartas y textos ocasionales, muchos de ellos escritos en la cárcel- pasé por ser el principal teórico de algo. Sólo si consideramos que para la anarquía lo que cuenta es la práctica, que no la teoría, el enigma queda explicado. Apasionado de las sociedades clandestinas y radicales,bien en las barricadas, bien apoyándolas de una u otra manera, Bakunin participó en todas las insurrecciones de las que tuvo noticia, que no fueron pocas teniendo en cuenta que la época que le tocó vivir fue la de las grandes revoluciones. 

Los círculos revolucionarios 

Nació en Torjok, muy cerca de Moscú, en 1814, fue la suya una familia de terratenientes. Siguiendo el deseo paterno ingresó en la academia militar, pero abandonó la carrera de las armas en 1836, siendo oficial de la Guardia Imperial. “Me enamorisqué, me enredé, me descarrié”, apunta el mismo Mijail en la confesión que dirigiera al zar Nicolás I, preso el rebelde de por vida en una mazmorra de la fortaleza de San Pedro y San Pablo. “En 1840 obtuve de mi padre, no sin grandes dificultades, la autorización de salir al extranjero para estudiar en la Universidad de Berlín”. Sumergido en la metafísica alemana, “noche y día no veía otra cosa que las categorías de Hegel”. Traslado a Dresde algunos meses después, entra allí en contacto con los círculos revolucionarios en los que llama la atención por la exaltación con que se expresa. 

Los años siguientes llevaran a Bakunin, que malvive de las traducciones del alemán y del ruso, a Bélgica, Suiza, Polonia y Francia. Expulsado de París en 1847 a instancias de la embajada rusa, después de haber pronunciado una conferencia sobre el alzamiento polaco de 1831 contra la dominación zarista, se exilia en Bruselas. Tras su participación en las insurrecciones de Praga y Dresde (1848), es detenido en Sajonia (1849) y condenado a muerte. Entregado a Rusia, el zar, que está al corriente de toda la actividad subversiva de Bakunin, ordena personalmente que se le confine de por vida en la mazmorra ya aludida. 

Tan ateo como colectivista 

Tras siete años de cautiverio, perdidos los dientes a consecuencia del escorbuto que padece y viendo que va a morir sin realizar su proyecto revolucionario, Mijail accede a llevar a cabo la confesión que Nicolás I le ordena para suavizar su condena. Repleto de un falso arrepentimiento, no en vano en sus párrafos leemos: “El motor principal en Rusia es el miedo. (…). En todas partes se roba, en todas partes se soborna y, por dinero, se cometen injusticias (…), pero eso, en Rusia, sucede en mayor grado que en los restantes estados”. 

Conmutada la cadena perpetua por destierro en Siberia, logrará evadirse en 1861 a través de Japón y Estados Unidos. Instalado en Londres en 1861 su pensamiento ha pasado del paneslavismo democrático anterior a su confinamiento al anarquismo. A diferencia de la idea generalizada, para Bakunin la acracia no es el desorden gratuito, sino la base para una sociedad fraternal. “La solidaridad y la libertad son la esencia del género humano”, apuntará en “El estado y la anarquía” (1873). Tan ateo como colectivista, sostiene que “el Estado es el producto de la religión. Nació en todos los países del maridaje de la violencia (…) con los dioses creados por la fantasía teológica de los hombres”. Estos planteamientos le llevarán a fundar en 1869 la Alianza Socialdemocráta, que no tardará en adherirse a la Primera Internacional. 

En el seno de esta última organización, Bakunin conocerá al que junto con el Zar habría de ser su otro gran enemigo: Karl Marx. Producida la inevitable ruptura entre anarquistas y autoritarios, los libertarios -la gran mayoría- fundarán la Asociación Internacional de los Trabajadores. Retirado a Suiza en 1872, morirá cuatro años más tarde. “En Bakunin todo era colosal. Estaba lleno de fuerza y exuberancia”, diría de él Richard Wagner, su compañero en las barricadas de Dresde. Las obras completas del revolucionario verían la luz en seis volúmenes aparecidos en París entre 
1985 y 1913. 

 

http://www.elmundo.es/elmundolibro/2002/10/06/anticuario/1033751938.html


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